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Foujita descubre las Américas: el tour de un artista - Parte 2

Lea parte 1 >>

Tras su estadía en Brasil, Argentina, Bolivia, Perú y Cuba, Tsuguharu Foujita continuó su tour alrededor del mundo. En noviembre de 1932, llegó a la ciudad de México. Como una celebridad internacional en el mundo del arte, Foujita ya era conocido por los amantes del arte mexicano. Ya en 1922, su obra había sido tema de un artículo de fondo en el diario Excelsior: “Foujita, un grande y extraño artista japonés, muy aplaudido en París”.

Foujita originalmente tuvo la intención de quedarse en Ciudad de México solo por un mes, y charlar con Diego Rivera, a quien había conocido primero en París dos décadas atrás, poco después de su primera llegada a la Ciudad de la Luz. Al final, no se contactó con Rivera nuevamente, quien estaba trabajando en los murales en los Estados Unidos durante los primeros meses de 1933 (especialmente, el notorio y al final destruido mural al que Rivera fue encargado de realizar para el Centro Rockefeller en la ciudad de Nueva York).

Sin embargo, Foujita lo pasó tan bien en México que terminó quedándose siete meses. Encontró a México como un lugar inspirador para trabajar, y completó una gran selección de lienzos. En una entrevista posterior, Foujita afirmó haber filmado varios rollos de películas en México y agregó a esto que él tenía la intención de usar sus bocetos para ilustrar un libro de viajes de Madeleine (Mady).

Durante la estadía de Foujita en la Ciudad de México, cuarenta de sus pinturas fueron exhibidas en una exhibición a gran escala, mientras que el coleccionista de arte Louis Eychenne organizó dos exposiciones de los dibujos de Foujita. El artista asistió a una recepción navideña en la embajada de Francia y fue agasajado en una recepción de gala ofrecida por el embajador de Japón en México, Yoshiatsu Hori, y al que asistieron miembros de los cuerpos diplomáticos de los Estados Unidos. No está claro qué tanto se conectó Foujita con los japoneses locales durante su estadía. La Ciudad de México albergó a algunas personas célebres, entre ellos el director de teatro Seki Sano y el diplomático y profesor Kinta Arai, aunque la población nikkei total de la región era de apenas 1000.

Caricatura de Foujita por Roy Kawamoto en Japan-California Daily News del 9 de julio de 1933.

Foujita dejó Ciudad de México por tren a finales de junio de 1933 y cruzó hacia los Estados Unidos. Después de hacer escalas en Nuevo México y Arizona, él y Madeleine llegaron a Los Ángeles el 5 de julio de 1933. Además de la famosa apariencia excéntrica del artista, la pareja causó un fuerte impacto visual. El matrimonio interracial era por entonces ilegal en California y las parejas de razas mixtas eran relativamente raras (irónicamente, el Foujita de mediana edad y su esposa mucho más joven se parecían a muchas parejas issei en sus edades respectivas). Foujita anunció sus planes a la prensa. “Este es mi primer viaje a Los Ángeles y estoy realmente encantado de estar en tan refrescante clima. Tengo la intención de quedarme aquí por unos dos meses, para luego ir a las islas del Mar del Sur, después de una breve visita a Japón. Estoy pensando en pintar a varios japoneses que encuentre a lo largo de esta área del Pacífico”.

A mediados de julio, poco después de la llegada de Foujita, la galería Dalzell-Hatfield inauguró una exhibición individual de 87 de sus obras, mayormente producidas durante su viaje a Latinoamérica. Estas incluían escenas callejeras y retratos de indígenas de México y Bolivia, los inevitables dibujos de gatos, además de acuarelas japonesas. Mientras tanto, una exposición de sus paisajes mexicanos, además de acuarelas hechas sobre papel de arroz, se mostraba en la Galería de Arte de Palos Verdes Library. El 3 de agosto, la muestra de Foujita se mudó a las galerías Illsley en el Ambassador Hotel. Ahora incluía unas 15 piezas hechas en California. En el día de la inauguración de la exhibición, Foujita dio el primero de los tres cursos especiales de un día para elegir grupos de veinte estudiantes de la escuela Art Center, organizado a través del fotógrafo nisei Dave Kurakane. Al siguiente día, ofreció una recepción informal y conferencia ante un grupo de 60 artistas y críticos prominentes de Los Ángeles. El artista habló en francés sobre sus teorías de arte y sus actuales tendencias e hizo varios bocetos.

La estadía de Foujita en Los Ángeles recibió cobertura diaria en la prensa nisei local. La presencia de una celebridad nikkei internacional en su órbita era emocionante para los locales. El columnista Roku Sugahara declaró en Kashu Mainichi “cuando el tumulto y los gritos se extingan, los nombres de generales, potentados y estadistas serán pronto olvidados. Pero las bellas artes perdurarán eternamente. Quizás por eso Tsuguharu Foujita ha sido aclamado como uno de los japoneses más grandes de la era moderna… Vidas de grandes hombres que a menudo nos hacen recordar, y así también lo hacen las vidas de grandes artistas. Solo existe ese glamour y drama en la vida de Foujita”. En Kashu Mainichi, el editor Larry Tajiri informó sobre una visita del artista: “Ayer conocimos a Foujita cuando se acercó al espacio privado del editor y él ni siquiera se parecía vagamente a un gato. Abundante cabello negro grisáceo, cortado en un estilo claramente definido que a Foujita le gusta, y unos lentes con marco de carey delgado, representaba a este famoso artista parisino”.

Foujita, aunque había trabajado con el artista californiano Henry Sugimoto en Francia, no estaba muy familiarizado con la vida japonesa americana al momento de su estadía en California. Como puede inferirse de sus comentarios iniciales sobre hacer pinturas de japoneses locales, puede ser que Foujita haya esperado encontrar modelos y/o mecenas en Little Tokyo, y se esforzó por contactarlos. Se invitó a los líderes de la comunidad japonesa a las inauguraciones de sus exposiciones en galerías.

A finales de julio, Foujita habló en una mesa redonda sobre arte en el Olympic Hotel, cerca de Little Tokyo. A pedido de Kumamoto kenjin-kai y los clubes prefecturales de Tokyo, él acordó montar una exhibición en el centro para la comunidad japonesa. La exhibición se inauguró en un cuarto de hotel del Olympic Hotel el 24 de agosto de 1933 y duró cuatro días. Foujita acordó también visitar el club de Fotógrafos Amateurs Japoneses el 31 de agosto y revisar su trabajo. Lamentablemente, al igual que la visita más importante, estos esfuerzos fueron por lo general inútiles. En octubre de 1933, Larry Tajiri escribió en Kashu Mainichi: “Sabemos que Foujita, el pintor japonés internacionalmente famoso, estaba decepcionado por la falta de entusiasmo en la recepción de Los Ángeles. París, Buenos Aires o Río nunca fue como esto. [Ahí] se escribieron verdaderos montones de textos sobre Foujita, su esposa y sus gatos. En cambio, en Los Ángeles provocó escasa respuesta”.

En setiembre de 1933, Foujita partió a San Francisco. Así como en Los Ángeles, su nombre y su obra ya eran conocidos. De hecho, apenas un año antes, algunas de las obras de Foujita habían sido incluidas en una exposición de grabados japoneses modernos en el De Young Museum de la ciudad. Una reseña en el Oakland Tribune alabó las obras. “Sería seguro decir que el occidental promedio no podría datar estas obras dentro de cien años si no fuera por Foujita. Este hombre y sus gatos son modernos revolucionarios para Japón. Él escoge modelos occidentales y los hace japoneses”.

La llegada de Foujita en San Francisco fue resaltada por una exposición de tres semanas en el Courvoisier Gallery, que combinó sus obras latinoamericanas con una sala separada de desnudos parisinos. La inauguración no estuvo exenta de un estilo dramático. Según un informe, en el fin de semana previo al lunes, que era el estreno de la exposición, ni el artista ni sus cuadros habían llegado, por lo que el dueño de la galería, Guthrie Courvoisier, tomo un vuelo nocturno a Los Ángeles, metió a la fuerza a Foujita y algunos de sus cuadros en el vuelo de regreso, y llegó justo a tiempo para colgarlos para la inauguración. Varios días después, Foujita regresó a Los Ángeles para recoger a Madeleine y llevarla a San Francisco con el resto de su equipaje.

La muestra de la galería Courvoisier fue un éxito y fue alargada por una cuarta semana.

En un artículo en el Oakland Tribune (que presentó el subtítulo mordaz: “Desnudos, peones y gatos se disputan el interés en exhibición de galería en San Francisco”), el crítico H.L. Dungan mencionó: “Foujita ha usado más color en la mayoría de sus cuadros mexicanos que en sus cuadros franceses. Hay retratos o figuras de cuerpo completo de hombres y mujeres. Se ha apartado de la tradición Rivera-Orozco en la que todos los mexicanos deben aparecer en un cuadrotan sólidos como una tabla, las ropas y todo. Ha dado al mexicano la ligereza del toque japonés sin privarlo de su carácter o características”. Foujita fue agasajado por artistas e intelectuales locales. En octubre, él habló ante el Commonwealth Club de la élite de la ciudad.

Como en Los Ángeles, el tour de Foujita tuvo una gran cobertura por parte de la prensa nisei local. Sin embargo, ya sea porque él ya conocía a personas como Henry Sugimoto o simplemente porque los nikkei del Área de la Bahía eran por lo general más sofisticados, parece que a Foujita le fue más fácil conectarse con la comunidad que en Little Tokyo. Él fue el invitado de honor en una fiesta de sukiyaki en el hotel Yamato en setiembre. El periodista de Shin Sekai, Wally Shibata, describió al visitante de manera positiva: “Individual. Intensamente así. Sin embargo, contrario a las expectativas generales, él no es excéntrico. Confidente, pero modesto... Interesante, cosmopolita y poseedor de un extravagante sentido del humor, [él] demuestra ser un sujeto normal”.

Shibata contó haber sido invitado por Henry Sugimoto para acompañarlo a él y a los Foujitas en un viaje a Golden Gate Park. Foujita estaba encantado con el Jardín de Té Japonés, que lo puso nostálgico.Cuando fueron al acuario del parque para ver al pez, el propio artista atrajo a una multitud. “Siempre un objeto de atención en una multitud, mucha de esta gente evidentemente reconoce a Foujita, por sus lentes con montura de carey y el flequillo que son símbolos notorios de individualidad, él está a veces un poco cansado, quizás, de ser un eterno centro de atención. Pero él lleva su manto de fama modestamente, dignamente. El aplauso no ha disminuido su interés en su prójimo, ni en el mundo en general. Quizás esa sea la razón por la que, a pesar de sus cabellos canos, su espíritu parece muy joven. ‘Au revoir,’ nos dijo Foujita en francés cuando partimos. ‘Sayonara’, dijo su esposa en japonés”.

Tsuguharu y Madeleine Foujita zarparon a Japón en noviembre de 1933. Madeleine murió en Japón tres años después. En 1939, Foujita viajó una vez más a París, pero pronto regresó a Japón. Ahí, abandonó su estilo artístico establecido y comenzó una serie de pinturas de guerras brutalmente heroicas. En 1938, la Oficina de Información de la Armada Imperial respaldó su visita a China como artista oficial de guerra. Después de Pearl Harbor, prestó su arte para apoyar el esfuerzo de guerra de Japón contra los Aliados en la Segunda Guerra Mundial. Su monumental pintura Final Fighting at Attu (1943) muestra a gallardos soldados japoneses en una resistencia final contra las fuerzas estadounidenses. De igual modo, Compatriots on Saipan Island Remain Faithful to the End (1945) glorifica el suicidio masivo de soldados y civiles japoneses después de la invasión estadounidense a la Isla del Pacífico.

Después del fin de la guerra, Foujita fue denunciado públicamente en Japón por sus obras de propaganda. (Irónicamente, bajo la ocupación estadounidense, una colección de sus pinturas de la época de guerra fue incautada por el gobierno de los Estados Unidos, el cual posteriormente los ofreció en “préstamo indefinido” al Museo Nacional de Arte Moderno en Tokyo). Con su reputación permanentemente manchada en Japón, Foujita dejó en 1949 su tierra natal por última vez, acompañado por su esposa japonesa Kimiyo. Por invitación del general Douglas MacArthur, el procónsul estadounidense, Foujita viajó a Nueva York, donde trabajó por un año. Cuando planeaba una exhibición de sus obras, Yasuo Kuniyoshi se opuso a la realización de la muestra, calificando a Foujita de fascista e imperialista.

En 1950, Foujita regresó a Francia. Además de su breve visita en 1939, Foujita ha estado fuera por casi 20 años. En Francia, trabajó una vez más para reinventarse. En 1955,se convirtió en ciudadano francés, adoptando el nombre occidental de Léonard Foujita (en honor a Leonardo da Vinci). Dos años después, el gobierno francés lo condecoró con la Legión de Honor. Se fue a vivir en Villiers-le-Bâcle, un pueblo al suroeste de París. Bajo el patrocinio de René Lalou, director del champagne Mumm, Foujita se convirtió al catolicismo y cambió su enfoque al arte religioso. Dedicó gran parte de su atención en sus últimos años a diseñar una capilla en Reims y producir vitrales y frescos para este.La Capilla de Nuestra Señora Reina de la Paz (mejor conocida como la Capilla Foujita) fue completada en 1966, dos años antes de su muerte en Suiza.

 

© 2021 Greg Robinson & Seth Jacobowitz

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